Susana Murias
La poesía para ser no debe salir del ámbito cotidiano, no puede volver la espalda a la realidad porque es desde ella el lugar donde dimana. Si, por el contrario, es el único modo para trascender a esa realidad. El mundo entonces es suficiente y fuente inagotable para hacer de el un territorio donde lo esencial se identifique con lo inteligible, todo, al amparo de una manera singular de interpretar las constantes del día a día y las emociones que alimentan los impulsos. Como si de una fabula se tratara, nos sumerge en un universo de sugerencias bien cimentadas en las estructuras de su lenguaje, un lenguaje que parece aderezarse de recortes y pedazos de realidad con arquitectura reinventada, ubicándose en el desarrollo de una lógica pictórica hecha discurso.
En esta línea de trabajo, no podemos dejar en el olvido el mundo de los signos y la simbología que maneja como si un argot particular encerrara el secreto de la lucidez compositiva que albergan estas obras.
Cuando nadie me veía